Con un cariz más clásico, más eléctrico y rockero que sus tres hermanos -aunque lejos de la contundencia de Los Enemigos-, "Lecciones de Vértigo" (El Volcán, 2011) es un disco bien digerible y que pasa en un suspiro, cargado de melodías directas y letras que van ganando cuerpo con las sucesivas escuchas.  Y vitalista: “puede que no sea volar / no tenerle apego al suelo / alto sólo es un lugar / vulgar para el cielo”, entona Josele Santiago en "Hagan juego".

Repite en el álbum el equipo anteriormente bautizado como Sus Menudencias, que dio lustre a "Loco Encontrao" (El Volcán, 2008), aunque en este caso no aparece tal nombre en los créditos. Josele renueva el envite con el pequeño sello El Volcán, dirigido por su amigo Javier Liñán. El mismo autor coproduce la grabación junto a Pablo Novoa. Un hilo que parece conectar gran parte de las composiciones del álbum es dignificar la libertad de ser como uno es frente a lo aceptado por la sociedad.

"Fractales" es una balada que embriaga desde el inicio y cuestiona el concepto de locura, mientras que "Sin dolor" se ríe del culto al cuerpo: “hazme fotos, / soy feliz / nada roto por aquí / nada por allí”. En "El Lobo", basada en Antonio Vega, desprecia a quienes pretenden que los demás vivan una vida acorde con sus deseos: “qué triste verse así, / oigo decir. / Más tristes son / más tristes son ustedes / rodeados de paredes / sin querer salir”.

"Cachorrilla" reivindica la tradición rural -“es la última boina / y voy a llevarla yo”-,  mientras que "Ser verde", la versión del disco, diserta sobre las flaquezas de la apuesta propia, para concluir: “soy verde / y es grandioso, / del color / que siempre quiero ser”. Se trata de un tema escrito por Joe Raposo en 1970 y que era interpretada por la Rana Gustavo (o Rana René) del programa infantil Barrio Sésamo.

"Canción de próstata" también se mofa de la apariencia, en este caso del macho ibérico, recordando que hasta los más infalibles seductores tienen una mala noche: “te digo que no soy yo / no es mía esta pasa / los dioses están de guasa”. Acostumbrado a abordar la pérdida con maestría en sus canciones, Santiago varía el enfoque en el medio tiempo "Sol de invierno", una de las mejores canciones del disco, en la que se dirige no a los ausentes sino a los compañeros supervivientes: “Oreados juncos / quebradizos ya / rehusad indultos  / descartad”. Un poco de fuelle para la tripulación restante, más que nada para que “no dé el cante. Calladitos y sin hacer mucho ruido”, explica con retranca el autor. Aunque también hay espacio para los seres queridos desaparecidos y "Pae" retrata un panorama a medio camino entre la perplejidad y la desolación: su padre murió en Cádiz, durante la celebración de los carnavales, y en medio de una tromba de agua.

Fuente: La fonoteca.